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¿Qué es el cantaulismo?

RECUERDA QUE NO TENÍA más de 20 años y recorría las calles del barrio con un par de amigos. Un hombre con pinta de ejecutivo se les acercó junto con su esposa, de unos 30, y les propuso que tuvieran sexo con ella. Los amigos se miraron asombrados, pero como a esa edad los jóvenes no se amedrentan -y menos aún si se trata de sexo-, aceptaron la propuesta sin indagar por las condiciones. "El tipo nos llevó a la parte de atrás de la cancha de tenis del parque, que era bien oscura -recuerda José Miguel-. Estábamos tan excitados y nerviosos, que lo seguimos sin preguntar. Después la mujer se tendió en el pasto y se subió la falda. Mientras pasábamos uno tras otro, el tipo, al lado, nos miraba y se masturbaba".

Unos 15 años han pasado desde el día que José Miguel vivió esa experiencia. Durante unos meses la contó como un logro, pero con el paso del tiempo prefirió callarla, no sólo porque reconoció lo irresponsable que había sido, sino porque temía que lo tildaran de mitómano. "Como a la gente no le pasaban vainas tan raras, sentía que nadie me creía -dice-. De hecho, es la aventura más extraña que he tenido en mi vida".

Pero los tiempos han cambiado. No es que el candaulismo -como se conoce la práctica de ofrecer la esposa a otro y sentir placer al verla- haya aparecido de repente, sino que quienes lo disfrutan van saliendo lentamente de su clóset. La página web de un bar swinger de Bogotá lo deja en claro: "¿Quieres participar de un gang bang? -dice un aviso promocional en grandes letras rojas-. Estamos organizando una fiesta especial para aquellas parejas que tengan la fantasía de que la mujer esté con varios hombres".

Castigo y placer

El hecho de que esta manera de practicar el amor sea cada vez más pública no significa que los sexólogos y otros expertos en comportamiento hayan perdido la capacidad de asombro. Para empezar, la anulación de los sentimientos de posesión física resulta toda una rareza. Desde el punto de vista evolucionista, la tendencia humana a la exclusividad de la pareja se desarrolló por la necesidad de no malgastar energías en la crianza de hijos ajenos. Y, claro está, el hecho de que hoy sea posible regular la fecundidad no implica que se hayan extinguido los instintos.

La otra particularidad del esposo espectador es que no exige grandes recompensas. En las parejas swinger, por ejemplo, la ruptura de la exclusividad tiene como indemnización el derecho de estar con la compañera de otro. Por el contrario, la compensación del candaulista es ver que su mujer está con otros frente a él. "En esto no existen sentimientos de posesión -asegura Andrés, quien disfruta de esta práctica desde hace tres años-. Dentro del juego yo sigo siendo el dueño de la situación. Y, en serio, hacer el amor con mi esposa después de haberla visto es más excitante porque me imagino lo que acabo de ver".

Efecto de vacuna

Aunque cada caso daría para un tratado, los expertos encuentran algunas posibles interpretaciones detrás del candaulismo. Carlos Pol, sexólogo y psiquiatra, asegura: "Un señor con disfunción eréctil o eyaculación precoz probablemente encuentre en un acto de esa especie una forma de castigarse o de vacunarse: antes de que ella se vaya con otro, la motiva a que disfrute bajo su mirada vigilante. De cualquier manera, es un tema muy privado y muy íntimo. No merece el calificativo de perverso, inmoral o salvaje siempre y cuando se haga en un contexto de aceptación y esté libre de cualquier chantaje emocional".

También se trata de una forma de voyeurismo que tiene la particularidad de ser consentido por los miembros observados. El psicoanálisis se metió a fondo con el tema, lo calificó de patológico y atribuyó esa necesidad a la angustia de sufrir una castración como castigo por haber presenciado a los papás teniendo sexo -"la escena primaria"- o por contemplar los genitales de los adultos. Así que ver el coito de otros y masturbarse mientras tanto es una forma mediante la cual el voyerista se asegura de no perder el pene y, en síntesis, de ejercer control. De hecho, la mayoría de las veces es una tentación masculina.

El candaulismo es una búsqueda de placer que, en todo caso, representa riesgos, como que la observación termine siendo más placentera que el mismo acto o que surjan sentimientos de culpa en alguno de los miembros de la pareja. O, incluso, que se repita la historia del rey Candaules -de quien toma el nombre esta conducta-, que por instar a su ministro Giges a ver a su esposa desnuda terminó muerto mientras aquel la desposaba y tomaba el trono.

LA LEYENDA

El término candaulismo surgió del rey Candaules, de Lidia, cuya historia fue narrada por Heródoto de Halicarnaso. El relato cuenta que el rey vivía embelesado con su esposa y todo el tiempo le hablaba de ella a su ministro Giges. Para que le creyera que tanta belleza era verdad, le propuso que se metiera a escondidas en el dormitorio de la reina y la contemplara desnuda. Así lo hizo, pero ella se dio cuenta de la presencia del intruso. Al día siguiente, la mujer hizo llamar al ministro y le dio dos opciones: matar a Candaules o morir él mismo para evitar nuevas tentaciones. Giges optó por hacer lo primero y se convirtió en rey de Lidia.

 


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