Salud empresarial: Fácil de decir, no tan fácil de lograr

Por Gricel Berríos.
Licenciada en Psicología
Consultora Organizacional
Empresas saludables con procesos e individuos saludables equivalen a éxito empresarial. Por sencilla que parezca la fórmula, lograrlo no lo es tanto. Estamos hablando de elementos en interacción constante con una dinámica bastante compleja y que procuraremos analizar en esta brevísima reflexión.
¿Qué es una empresa saludable? Podríamos resumir que el éxito –o salud- de una empresa es el resultado de procesos, gente y recursos alineados con las metas estratégicas. Esto se traduce en ganancias sostenibles en el tiempo y aceptación por parte de los consumidores – buen posicionamiento.
Ampliando la definición anterior, debemos entender la salud empresarial como un sistema, con relaciones dinámicas donde convergen tres esferas que resultan en salud financiera. Primero, la esfera de las personas – sus necesidades, sus características personales, sus talentos. Segundo, los procesos, la tecnología y la cultura empresarial; y en tercer lugar y el más importante, las exigencias del entorno, que son las que determinan cómo se hace el negocio. Entonces, una empresa saludable hace, como prácticas de éxito, al menos tres cosas:
- comprende el entorno competitivo y se ajusta a las constantes demandas y cambios;
- prepara a sus colaboradores con las habilidades –blandas y duras- necesarias para el desempeño que supera expectativas y,
- mantiene sistemas y procesos que facilitan el flujo del trabajo y lo orientan hacia la excelencia, creando una cultura de mejoramiento continuo.
Comprender el entorno y hacer los ajustes es no sólo estratégico, sino también indispensable. Las empresas de clase mundial son expertas en identificar oportunidades, adelantarse a las amenazas y potenciar sus fortalezas. Convierten a cada colaborador en un jugador estrella, artista del cambio rápido y aliado de las metas organizacionales.
Esto no es tan sencillo como parece pues cada individuo viene con su propio equipaje. La empresa saludable reconoce las necesidades de sus colaboradores que van más allá de la subsistencia, y comprende que el reconocimiento, el respeto y poder desarrollar una visión de su propio futuro son vitales para ese jugador estrella. La empresa saludable sabe proveer el ambiente necesario para que los colaboradores “florezcan”; es decir, alcancen su máximo potencial, aún cuando deban lidiar con estilos de actuación difíciles frente a la tensión o al conflicto. La empresa saludable sabe que favorecer la inteligencia emocional intrapersonal e interpersonal se traducirá en un individuo dueño de sí más productivo y más comprometido, que sabe enfrentar el estrés, cuidándose y haciendo del estrés un aliado. La empresa saludable lleva a sus colaboradores a otro nivel de desempeño, gerenciando talentos y alineándolos con esa visión única de futuro común.
Ya sea que se trate de una empresa familiar, pequeña, mediana o grande, local o transnacional, de manufactura o de servicios, una empresa saludable asegura que se implementen las normas y procedimientos necesarios para “mantener la casa en orden” y maniobrar exitosamente hacia el rumbo que se ha determinado. Usa la tecnología como plataforma de desarrollo organizacional y de negocios; mantiene canales de comunicación abierta tanto horizontal como verticalmente. Una empresa saludable sabe que la comunicación lo es todo.
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