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Las
investigaciones sociales sugieren que entre el 15 y el 50%
de las personas admiten haber tenido relaciones extramatrimoniales,
lo cual en términos estadísticos es muy relevante.
Las investigaciones sociales sugieren que entre el 15 y el
50% de las personas admiten haber tenido relaciones extramatrimoniales,
lo cual en términos estadísticos es muy relevante.
Se han dado muchísimas explicaciones sobre el tema,
pero siempre surge la polémica: ¿mejora la relación
dentro de la pareja, una relación fuera de la misma?
¿Hay que hacerse el distraído? ¿Hay que
tomar medidas drásticas? ¿Es lo mismo si el
que busca el placer afuera es mujer o es hombre?
Todos estos interrogantes y muchos más, circulan en
las charlas y no se llega habitualmente a ninguna conclusión.
Lo que ocurre es que en éste, como en muchos temas,
no existen generalidades, ya que cada caso es diferente. No
obstante existen grandes lineamientos con puntos en común,
de situaciones de lo más variadas.
Desde la “ infidelidad” (¿debemos llamarla
así?) ocasional a la adicción que presentan
algunas personas hacia estas situaciones, existe una amplia
gama entre las que se encuentran las más comunes.
Hay personas, a quienes accidentalmente se les presenta una
situación de sexo y sin una explicación o motivo
aparente se prestan a ello. Esta circunstancia es bastante
común. En general carece de trascendencia y no es conocida
por la otra parte.
Pero hay otros casos en que se trata de una relación
más prolongada y que implica un mayor compromiso afectivo.
Habitualmente también es desconocida..
Otra situación distinta es la de la persona que busca
compulsivamente relaciones extramaritales y hacen una secuencia
de seducción, posesión, abandono, sin afecto
y a veces sin siquiera buen sexo. Esta es una actitud compulsiva
que tiene poco que ver con la situación matrimonial
y sí mucho con la persona en sí misma y con
un alto grado de insatisfacción.
En estos casos, comúnmente las parejas no ignoran estas
conductas y se reiteran las escenas de acusaciones y agresiones
o en otros casos se prescinde emocionalmente de las acciones
del otro por diversos motivos (intereses, miedo a la soledad,
económicos, por los hijos, etc.).
Pero, ¿qué es lo que lleva a hombres y mujeres
a estas situaciones? ¿Son los problemas sexuales en
la pareja un desencadenante de la infidelidad?
En la mayoría de los casos es así aunque muchos
lo niegan. Estos que disminuyen el valor de lo sexual, tal
vez piensen en una idea simplista de lo que la sexualidad
significa y de lo que verdaderamente dicen las personas cuando
dicen tener “buen sexo”.
En general se refieren a tener relaciones formalmente correctas
y hasta orgásmicas, pero hay algo que va carcomiendo
lenta e inadvertidamente la relación, que es el desapasionamiento,
lo que lleva al aburrimiento mutuo. Las relaciones extramaritales,
por el contrario, exhiben como denominador común el
apasionamiento personal y sexual. Esto es lo que habría
que lograr, o mejor dicho, no perder, en las relaciones estables:
mantener viva la pasión.
Aún considerando a los factores sexuales como promotores
de las aventuras, hay diferencias entre las motivaciones de
los hombres y de las mujeres. Los hombres tienden a buscar
emoción y variedad sexuales y las mujeres, compensación
emocional.
¿Son estas relaciones extraconyugales, combustible
para mantener viva la pasión conyugal?. Esto ha sido
ampliamente discutido, pero básicamente digamos que
no podemos poner la solución y mantenimiento de la
llama de una pasión, en una relación con otro.
Pero lo que sí es también cierto es que en muchos
casos en que persisten las situaciones paralelas, éstas
se dan como una aceptación tácita por ambas
partes, para el mantenimiento de una vida familiar, sin modificaciones
en lo formal.
Además de estas consideraciones en lo que respecta
a aventuras extraconyugales, no podemos dejar de hablar de
la enorme diferencia que existe al respecto entre hombres
y mujeres. Estas relaciones son para los hombres, no sólo
aceptadas en la sociedad, sino que en algunas ocasiones, hasta
se promueven. En cambio, para las mujeres hay una gran condena
social, lo que hace que las mismas, lo vivan con gran culpabilidad
y a veces, las lleve esto a romper la relación, cosa
que no sucede con los hombres. Además los hombres tienden
a sospechar menos de la posibilidad de que sus esposas puedan
haber tenido actividad sexual fuera del matrimonio, mientras
que las mujeres casadas muestran un grado más alto
de alerta ante esta situación. |