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pecados capitales del email

Negocios
que no se cierran, malentendidos, discusiones innecesarias,
pérdida de tiempo... son sólo algunas de las consecuencias
de usar mal esta popular herramienta
MADRID. Una buena parte de nuestra comunicación con los
demás depende, hoy, del «e-mail». A estas alturas, que el
correo electrónico se haya convertido en una de las aplicaciones
más usadas de todos los tiempos no es ya una novedad. Cerca
de cincuenta mil millones de «e-mail» (cincuenta mil millones,
sí, no es una errata) cruzan cada día las redes telemáticas
mundiales. Si comparamos eso con los escasos veinticinco
millones de cartas y paquetes postales que se reciben en
España cada día, nos daremos cuenta de la enormidad de la
cifra.
De
los correos electrónicos, hoy, dependen numerosas relaciones
personales, el cierre (o no) de importantes negocios, las
comunicaciones corporativas, los cotilleos de miles de empresas
y los ritmos de trabajo de muchas miles más de compañías
del mundo.
Lo
que hasta ahora no había sido estudiado con detalle eran
los «vicios» que todos, sin excepción, vamos acumulando
día a día, a medida que recibimos (y enviamos) nuevos correos
electrónicos. Unos vicios que pueden resultar francamente
caros. Correos que no se contestan, o que se contestan mal.
Frases farragosas que ocultan el mensaje central, o tan
escuetas que ni siquiera permiten adivinarlo. Mensajes descuidados,
que dan una mala imagen de quien los envía. O copiados hasta
la saciedad, incluso a personas que nada tienen que ver
con el contenido. Toda una serie de «pecados» que salen
a relucir en un estudio encargado por la empresa PalmOne
y realizado por la consultora Dynamic Markets sobre una
muestra de 750 trabajadores procedentes de cinco países
europeos (Reino Unido, Francia, Alemania, España e Italia),
empleados por empresas de más de 500 trabajadores y que
usan el correo electrónico en el trabajo de forma habitual.
Los
resultados son sorprendentes. Seis de cada diez encuestados,
por ejemplo, coinciden en decir que sus negocios se retrasan
por culpa de correos electrónicos no respondidos. Cuatro
de cada diez, por su parte, se forman una primera impresión
de alguien (buena o mala) según sea el primer «e-mail» que
reciben de ella (correcto o no, cuidado o desordenado, etc.).
He aquí un resumen de lo que los expertos han llamado los
«siete pecados capitales» del correo electrónico.
Pasarlo
por alto. Es la tendencia a no responder. Uno de cada diez
encuestados se queja de recibir tantos correos que no tiene
tiempo material para contestarlos todos. Más de una quinta
parte de los encuestados residentes en España o Reino Unido
temen, literalmente, volver a la oficina después de alguna
ausencia a causa de la montaña de correo que sabe que les
espera.
Negación.
O lo que es lo mismo, fingir no haber recibido un correo
de alguien. Cuanto menos respondemos, más culpables nos
sentimos. Uno de cada diez encuestados confiesa sentirse
culpable en el trabajo por no haber respondido el correo.
En el Reino Unido hasta un 11% de los encuestados ha recurrido
a fingir no haber recibido un correo cuando se les ha pedido
contestación. Y un correo no contestado puede ser un negocio
no cerrado, además de un claro síntoma de mala educación.
Suposición.
Consiste en creer que todo el mundo ha leído un correo urgente,
por el mero hecho de haberlo enviado. A un 27% de los encuestados
le molesta que el correo importante se envíe sin ningún
tipo de aviso especial adicional, como una llamada telefónica.
Palabrería.
Es la tendencia a extenderse más de lo necesario. A los
usuarios de correo electrónico les molesta también recibir
varias páginas de texto que requieren una búsqueda de la
información «importante».
Para
todos. Mandar el mismo correo a todo el mundo, incluso a
las personas a las que no incumbe. Más de la cuarta parte
de los encuestados se muestra frustrada por recibir mensajes
que no le interesan, un problema al que se enfrenta el 30%
de los directivos de alto nivel.
Dejadez.
Escribir mal, con argumentos inconexos y lenguaje confuso.
El 81% de los encuestados tiene una opinión negativa de
aquellos que envían mensajes mal escritos y con errores
ortográficos y gramaticales.
Falta
de tacto. Consiste en no emplear el tono correcto. Enviar
mensajes cortos y bruscos sin atender a los modales necesarios
puede dañar una relación de forma no intencionada. Uno de
cada diez encuestados, y hasta un 23% en Alemania, ha confesado
haber tenido enfrentamientos con algún compañero o con terceros
porque malinterpretaron lo que se decía en un correo electrónico.
No
hay, pues, excusa. Calcule, por ejemplo, cuántos «e-mail»
envía y recibe usted mismo a lo largo del día. Y repase
la lista de pecados. Seguro que incurre en más de uno. Soluciónelo.
No es tarde. Su negocio y sus relaciones lo agradecerán.
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