MATRIX:
REVOLUCIONES
La pelea entre Neo y Smith decidirá el futuro de
Zión.
Ni seis meses han dejado pasar los hermanos Wachowski para
dar al público un respiro. El estreno de Matrix Revolutions,
el 5 de noviembre a la vez en todo el mundo (en Madrid,
a las 15.00 h.), pone fin a una trilogía en la que
hombres y máquinas son enemigos en una fantasía
de realidad virtual.
Si
los efectos especiales de la primera parte ('The Matrix',
1999) fueron realmente innovadores -quién no recuerda
las cámaras girando, las balas a cámara lenta
o las peleas imposibles entre los protagonistas-, y los
de la segunda (Matrix Reloaded, mayo de 2003) mejoraban
con escenas realmente impactante -la inolvidable autopista-,
la tercera no aporta mucho más, y retoma con insistencia
algunos recursos repetidos hasta la saciedad (¿Se
acuerdan del 'bullet-time', esas cámaras giratorias
en suspensión? Pues eso).

Merovingio (Lambert Wilson) y Perséfone (Mónica
Belucci) intentan cobrarse venganza, sin éxito.
Hay
más maquinaria 'real' y menos juego 'virtual' (recuérdese:
Zión está amenazada por las máquinas
centinelas y excavadoras), aunque será dentro de
Matrix donde se resolverá la acción.
Más
profunda
El
espectador podrá notar cómo la trama se complica
desde el principio. Neo (Keanu Reeves) despertará
del coma en el que estaba en la anterior entrega y buscará
respuestas, Trinity (Carrie-Anne Moss) no se separará
de él casi toda la película, y Morfeo (Laurence
Fishburne) pierde parte de su anterior protagonismo en favor
del ex agente Smith (Hugo Weaver), más poderoso que
nunca.
Mientras,
el Oráculo (interpretado por Mary Alice, que sustituye
a la fallecida Gloria Foster) aporta más misterio,
en parte por el cambio de actriz -desconcierta un poco-,
en parte por el papel en sí.
De
hecho, el argumento de la película es más
barroco (si cabe) que las anteriores películas de
la trilogía, con un guión plagado de frases
ambiguas y misteriosas que intentan mantener la atención
del espectador al máximo. Eso sí, todo muy
épico.

Smith y su manía de clonarse.
Los
efectos
Lo
mejor, como siempre, son los efectos especiales, en los
que se invirtieron 65 millones de dólares de los
140 que costó la tercera parte, rodada a la vez que
Matrix Reloaded (ésta costó 127 millones).
Hay
tres momentos especialmente destacables: el ataque masivo
de las máquinas a Zión -atención a
las defensas de la ciudad-, 'Machine City' -todo un homenaje
al cómic gracias al diseño de Geoff Darrow-
y la pelea entre Neo y Smith, que viene a ser la 'madre
de todas las peleas' por su intensidad y derroche de efectos.
Imposible
contar más sin destripar esta cinta, que hará
las delicias de la masa de incondicionales de Matrix (Matrix
Reloaded ha recaudado más de 735 millones de dólares
en taquilla en todo el mundo) y entretendrá al resto.
Y tranquilos, en esta entrega no hay fiesta 'techno' en
las catacumbas.

La espectacular ‘Ciudad de las Máquinas’.
Banda
sonora
Por
último, cabe destacar que la banda sonora original
sale a la venta el 4 de noviembre (un día antes del
estreno) en todo el mundo. Compuesta en su mayoría
por Don Davis, quien también se encargó de
esribir la música de las dos primeras partes de The
Matrix, incluye colaboraciones del grupo techno Juno Reactor
en las canciones "Testujin", "The Trainman
Cometh" y el remix de más de 9 minutos "Navras".
Pablo
Romero
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