Misiones
de la Sierra Gorda
Una
de las regiones más bellas y espectaculares de México
es sin duda la Sierra Gorda queretana. Los paisajes que
pueden admirarse a lo largo del camino carretero, el cual
llega a alcanzar en algunos puntos un poco más de
los 2 300 msnm, son en verdad indescriptibles. Por otra
parte, el viaje por la Sierra Gorda nos depara un interesante
encuentro con el arte del México colonial, ya que
entre los corpulentos macizos montañosos se encuentran
las singulares edificaciones barrocas que construyeron los
misioneros franciscanos.
Un
poco de historia

En
el siglo xvi, cuando los españoles se adentraron
en la región hoy conocida como Huasteca Queretana,
le nombraron “Sierra Gorda”, ya que para ellos
significó un verdadero esfuerzo irrumpir en aquellos
abruptos y escabrosos parajes. Además, sojuzgar a
los aguerridos y bravos indígenas que habitaban esos
lugares siempre representó una de las más
difíciles empresas.
Es
bien sabido que después de tomada la capital de los
aztecas en 1521, los empeños de los españoles
se dirigieron hacia las diferentes ciudades indígenas
del territorio mexicano, con el claro objetivo de consolidar
el virreinato de la Nueva España, difícil
tarea que se logró ya bien entrado el siglo xviii.
El caso de la Sierra Gorda se inscribe en esta época,
pues fue a partir de 1740 que los franciscanos de Propaganda
Fide, del Colegio de San Fernando de la ciudad de México,
lograron establecer finalmente las cinco misiones: Jalpan,
Concá, Tancoyol, Landa y Tilaco, las cuales aún
en la actualidad causan la admiración de propios
y extraños.
Se
atribuye al militar José de Escandón el haber
sojuzgado en definitiva estas poblaciones, habitadas principalmente
por indios pames y jonaces –conocidos con el nombre
genérico de “chichimecos”– que
fueron sometidos de forma brutal, pues siempre habían
representado un duro frente, tanto para los conquistadores
como para los frailes que durante más de un siglo
habían intentado evangelizar la región. Gracias
a este triunfo la Corona española le confirió
al coronel Escandón el título nobiliario de
Conde de Sierra Gorda.
Si
bien es cierto que la frialdad y dureza de Escandón
contribuyeron para que se facilitara la labor de los misioneros
franciscanos, éstos consiguieron, gracias a su generosidad
y verdadera vocación de servicio, que los indígenas
se asentaran, trabajaran la tierra y criaran ganado. La
figura más sobresaliente entre los misioneros fue
fray Junípero Serra, quien durante los años
que estuvo en la Sierra Gorda antes de partir al norte a
fundar las misiones de la California, dedicó sus
esfuerzos a la conversión de los indígenas,
a la vez que les enseñó diversas artes y oficios,
como albañilería, carpintería, pintura
y escultura, que fueron de suma utilidad para la edificación
de los cinco centros misionales ya mencionados.
El
barroco de la Sierra Gorda

Fray
Junípero organizó y adiestró a los
indígenas para que éstos levantaran las misiones
con sus propias manos. Aunque los monumentos de “cal
y canto” presentan ya las características arquitectónicas
y ornamentales de las construcciones barrocas de su tiempo,
cabe destacar que siguen el mismo plan de los conventos
del siglo xvi: una plaza o atrio bardeado, con sus cuatro
capillas posas en las esquinas y al centro la cruz atrial;
al fondo, la iglesia abovedada, ya con planta de cruz latina
y cúpula al centro, y un bello campanario, y por
último, el sencillo claustro donde se hospedaban
los frailes, al que se ingresaba por una portería
que debió servir también como sitio de reunión
para la enseñanza del catecismo.
Sin
duda alguna, lo que ha hecho famosos a estos conjuntos es
la extraordinaria ornamentación exterior de sus iglesias,
ejecutada en piedra y argamasa policromadas; por desgracia,
las pinturas y los retablos originales han desaparecido.
A simple vista, cada una de las fachadas parece un encaje
prodigioso en el que se entretejieron las imágenes
de la Trinidad, de la Virgen María, de los santos,
de ángeles y diablos, de plantas y de animales fantásticos,
así como de los escudos y símbolos franciscanos.
Sin embargo, si se miran con detenimiento, se advierten
los diversos temas de la Historia Sagrada que pretendieron
enseñar los frailes, así como santos y santas,
especialmente de la orden franciscana, cuyas vidas ejemplares
había que imitar.
Tal
es el caso de la fachada de Santiago de Jalpan –donde,
por cierto, en el siglo xix se sustituyó la imagen
del santo titular para colocar un reloj–; allí
se observan la Virgen de Guadalupe y la Virgen del Pilar,
la “mexicana” y la “española”,
entre santos y símbolos franciscanos.
Por
su parte, la fachada de la misión de San Francisco
en Tilaco se distingue por su bello remate en forma de corona,
bajo la cual está la imagen del humilde santo de
Asís; en tanto que en la misión de San Miguel
de Concá, es la Trinidad, las tres imágenes
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, las que
parecen vigilar amorosamente a la población. Finalmente,
en la iglesia de Nuestra Señora de la Luz de Tancoyol,
una gran cruz preside la fachada, mientras que en la de
la Purísima Concepción en Landa es el arcángel
San Miguel, erguido triunfante sobre el demonio, el que
luce en la cúspide de ese conjunto sin igual. El
trabajo escultórico de estas misiones deja ver tanto
la mano de obra de los maestros españoles como la
de los indígenas recién catequizados y adiestrados
en las artes europeas. Hay imágenes que se antojan
ingenuas y desproporcionadas, mientras que en otras se advierte
el buen oficio de quien sabía manejar con experiencia
las herramientas y los materiales. Lo cierto es que aún
hoy en día admiramos el arte y la habilidad manual
de los pueblos de indios que supieron plasmar en la piedra
y el yeso lo que sus maestros misioneros les inculcaron
a través de las lecciones diarias de vida y religiosidad,
que hoy reconocemos como la “conquista espiritual”
de la Nueva España.
Fuente:
Tips de Aeroméxico No. 18 Querétaro / invierno
2000
Texto:
María del Consuelo Maquívar
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