
San
Juan del Río
Texto:
Federico Vargas Somoza
Según
nos cuenta la historia, un indígena ñañú,
de nombre Mexici, fundó a los pies del Cerro de la
Cruz y a la orilla de un río, un poblado al que denominó
Iztachichimecapan, topónimo que significa “chichimecas
blancos”. Años más tarde, con la llegada
de los conquistadores españoles, este pueblo fue
nuevamente fundado un 24 de junio de 1531, pero con el nombre
mestizo con que se le conoce actualmente: San Juan del Río,
por su característica ribereña.
De
su pasado prehispánico aún podemos observar
algunos restos de construcciones, sobre todo en la cima
del mencionado Cerro de la Cruz, mientras que en los alrededores
de la ciudad se ha encontrado gran cantidad de vasijas y
demás artefactos característicos de los grupos
sedentarios que poblaban la región antes del arribo
de los españoles.
El
valle de San Juan del Río es considerado como uno
de los más fértiles del país, y esto
lo evidencian las numerosas haciendas que durante los siglos
XVII al XX se asentaron en la zona. La hacienda de “La
Llave”, por mencionar sólo alguna, se dice
que perteneció a don Juan de Jaramillo, esposo de
la famosa doña Marina, mejor conocida como “la
Malinche”.
De
la zona de San Juan del Río también son famosos
sus exquisitos quesos y sus vinos. Y no menos conocida es
la industria minera que desde tiempos inmemoriales extrae
los legendarios ópalos que tanta fama han dado al
estado queretano.
CAMINANDO
POR SAN JUAN...

Una
de las primeras construcciones con que nos encontramos al
llegar a San Juan del Río es su puente de “La
Venta”, localizado sobre lo que hoy es la avenida
Juárez Poniente. Las oscuras piedras de sus añejos
arcos de medio punto dan un excelente marco a los sólidos
contrafuertes, los cuales forman pequeños balcones
sobre la actual calzada; a pesar de que el puente no es
muy ancho, por él pasaron innumerables cargas de
oro y plata de Zacatecas a México, por el entonces
Camino Real de Tierra Adentro. Justo a la mitad del puente
están dos letreros que dicen: “Puente de la
Venta, construido el 9 de febrero de 1710, arquitecto don
Pedro de Arrieta”, y “Este puente comenzó
el día 9 de febrero de 1710 años, gobernando
el excelentísimo señor marqués de Alburquerque,
y se acabó el día 13 de enero de 1711 años,
gobernando el...”, y ahí se pierde el resto
de la leyenda.
Después
de esta magnífica obra hidráulica, y siguiendo
por la avenida Juárez, llegamos a lo que fue el antiguo
hospital de indios de San Juan de Dios, construido en 1661
y que hoy alberga a la Universidad Autónoma de Querétaro,
campus San Juan del Río. Aún se conserva el
templo del hospital, cuya fachada e interiores son muy austeros
y sobrios.
Continuando
por la avenida Juárez nos encontramos con el discreto
templo de las hermanas de la Tercera Orden, el cual fue
construido en agosto de 1683 a petición de las hermanas
Flores. De este templo lo único que destaca es su
espadaña, que curiosamente no da a la calle, sino
al interior de la manzana. Más adelante nos recibe
el templo del antiguo convento de Santo Domingo, edificado
hacia 1691. Su interior está decorado con pinturas
de vegetación al estilo art nouveau de fines del
siglo xix. Su portada es de dos cuerpos, de los que el primero
posee columnas corintias con nichos entre ellas, mientras
que en el segundo cuerpo las columnas son de fuste liso
y capitel barroco. La ventana del coro está flanqueada
por escudos franciscanos y su única torre es de dos
cuerpos con pilastras, capulín y linternilla. El
templo está circundado por una pequeña barda
atrial en cuya esquina poniente sobresale una enorme cruz
de cantera.
Caminando
hacia el oriente del templo llegamos al edificio que ocupa
la Presidencia Municipal, construcción de finales
del siglo XIX que ha sido remodelado para su actual uso.
También sobre la avenida Juárez se localiza
un edificio del siglo XVIII que en su tiempo funcionara
como centro penitenciario y que, paradójicamente,
hoy en día alberga al Centro Histórico y Cultural
de San Juan del Río, en el que se puede admirar un
breve pero muy interesante museo histórico, el cual
posee copia de algunos documentos referentes a la conquista
de este territorio.
Frente
a dicho Centro Cultural se ubica el jardín del Santuario,
pequeño templo construido hacia finales del siglo
XIX y cuya torre campanario es de forma alargada y puntiaguda.
Dejando
por fin la tan mencionada avenida Juárez, y encaminándonos
hacia lo que se conoce como el Centro Histórico,
arribamos a la Plaza de Armas, en donde sobresale una columna
dedicada a la Independencia de México; frente a ésta
se levanta, orgullosa, la parroquia, construcción
del siglo XVIII, con su portada de dos cuerpos de cantera
y columnas jónicas pareadas; la fachada está
rematada por un frontón bellamente decorado. Un dato
arquitectónico sobresaliente de esta parroquia son
sus cuatro cúpulas que forman un armónico
conjunto. Frente a la parroquia se localiza el Jardín
Independencia, que al igual que la mayoría de los
jardines provincianos, posee un pintoresco quiosco en el
centro.
Si
caminamos hacia la parte norte de la ciudad encontraremos
la antigua estación de ferrocarril, típica
construcción que aún se encuentra en funcionamiento
pero que, curiosamente, el personal de seguridad no permite
fotografiar, sin explicarnos el porqué.
De
regreso al centro, y paseando por sus hermosas calles, observamos
una gran cantidad de añejas casas que nos hablan
de lo rico y productivo que fue el viejo San Juan del Río,
y en aquellas que tienen sus puertas abiertas y nos permiten
asomarnos, podemos observar tranquilos y amplios patios
circundados por singulares arquerías, todo musicalizado
por el agua de sus fuentes.
Así,
entre casonas y portales, llegamos al antiguo templo de
la Santa Veracruz, localizado en lo alto de una colina,
a unas tres o cuatro calles del templo del Santuario. Sus
gruesos muros y su cantera oscura nos remiten al origen
de su construcción. Sobresalen en su fachada tres
cruces sobre el arco de la puerta. Este templo custodia
un antiguo cementerio, el cual posee una excelente vista
de la ciudad. Su barda perimetral está decorada con
ondulaciones rematadas por esferas y cruces que enmarcan
los atardeceres de San Juan. La mayoría de las lápidas
están labradas en la típica cantera gris de
San Juan del Río, y casi todas ellas pertenecen al
siglo XIX.
En
una pequeña capilla lateral se levanta hoy en día
un pequeño museo dedicado a la muerte. Ahí
podemos observar distintos tipos de enterramientos, que
van desde los entierros prehispánicos hasta aquellos
realizados en los interiores de algunos templos.
Así
pues, San Juan del Río, además de ser una
entidad netamente industrial, se ha convertido en un magnífico
sitio al que podemos acudir en compañía de
nuestra familia, para conocer un capítulo más
de la historia del rico estado queretano.
SERVICIOS
En
San Juan del Río se encuentran todos los servicios
que el visitante puede requerir (hoteles, restaurantes,
autotransporte, etcétera).
SI
USTED VA A SAN JUAN DEL RÍO
De
la ciudad de México se toma la autopista federal
núm. 57 México-Querétaro, y a escasos
137 km se encuentra la ciudad de San Juan del Río.
Fuente:
México desconocido No. 287 / enero 2001
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